Rosario Sin Secretos: el granadero rosarino que resistió el derrocamiento a Illia
Oscar Parenti fue uno de los 35 granaderos que estuvieron resistiendo el derrocamiento al presidente constitucional Arturo Umberto Illia. En el aniversario del nacimiento de José Francisco de San Martín, recordamos una de sus soberanas creaciones, los Granaderos.
- Ciudad
- Por Graciela Molina
- Feb 25, 2025

Su maravillosa misión de abuelidad no le permite participar mucho últimamente de actividades vinculadas con su amor por la Patria, y pidió disculpas por no haber podido asistir este domingo 23 a la celebración del 213er. aniversario del día en que Belgrano estrenó, en el Rosario, nuestro primer símbolo de identidad nacional, la Escarapela.
Ese día, la Comisión Ciudadana Rosario por la Paz, bajo una misma Bandera, convocó al bulevar 27 de Febrero, a la altura del 1700, 1800 y 1900, por contener, simbólicamente los tres siglos que conforman el Tricentenario del Rosario, para memorar aquel acontecimiento que pone en valor nuestro origen y tradición, fortaleciendo el Patrimonio cultural e histórico de la ciudad.
Pero hay más buenas noticias locales dignas de una importante efemérides: un día como hoy, en el año 2007, los granaderos tuvieron la feliz idea de conmemorar por primera vez la fecha del nacimiento del Padre de la Patria, nacido en Nuestra Señora de los Tres Santos Reyes, sí, así se llamaba la Yapeyú de Corrientes, en el alba de la Patria.
Aquel día, que todavía guarda junto a sus camaradas entre los recuerdos más lindos de su vida, el presidente de la Asociación Sanmartiniana, A. San Miguel les obsequió una Bandera de los Andes y se plantó un retoño del Pino Histórico de San Lorenzo en la plaza delimitada por las calles Santa Fe, Moreno, Córdoba y Dorrego, que lamentablemente no prosperó.
Terminó pisoteado por una muchedumbre que, en una protesta frente a Gobernación, ni siquiera alcanzó a saber de su existencia.
Este año Santo y Jubilar, del Tricentenario del Rosario, debería constituirse en una buena oportunidad para intentar nuevamente su plantación y renovar, a través de la Naturaleza, ese espíritu patriótico tan difícil, muchas veces, de despertar, ante tanto estímulo extranjerizante.
Después de una copiosa y refrescante lluvia finalmente salió el sol y visitamos la plaza donde se erige la monumental estatua ecuestre del gran general, réplica exacta de la existente en la ciudad donde San Martín culminó sus días, Boulogne Sur Mer, Francia, exiliado de una nación ingrata tras haber dicho: «Jamás derramaré la sangre de mis compatriotas y sólo desenvainaré mi espada contra los enemigos de la independencia».
Igual que los granaderos de la guardia presidencial que, al mando del teniente primero Aliberto Rodrigáñez Riccheri, se plantaron ante el mismísimo Ejército -liderado por el general Julio Alsogaray, hermano de Álvaro, cuando el golpe de Estado de junio de 1966- siendo fieles a su promesa de defender la vida del presidente “hasta sus últimas consecuencias”.
Allí estaba Parenti cumpliendo su servicio militar y le tocó avistar la primera formación de tanques, por Paseo Colón, apuntando directamente a la Casa Rosada.
Dijo en una entrevista: “Cerca de las 6 de la mañana nos hacen apostar con dos granaderos más, con una ametralladora pesada, en el rellano de la escalera de mano derecha, entrando por la calle Rivadavia. La orden era tirar sin preguntar ante la posibilidad de que alguien intentara subir”.
Illia, como buen granadero que había sido, tampoco quiso derramamiento de sangre, y renunció muy a pesar suyo, pues pretendía resistir.
Claro, había logrado libertad económica para el país, aprobado las leyes de Medicamentos y la del Salario, Mínimo Vital y Móvil, defendía a ultranza la soberanía de las islas Malvinas, fomentó la industria nacional, bajó la desocupación y la deuda externa, y encima se le había ocurrido decirle que no, a David Rockefeller y desairarlo cuando el multimillonario le pidió cambiar la ley de Bancos para poder instalar en Argentina el Chase Manhattan.
Casi como le pasó al gobernador Servando Bayo cuando quien fue presidente 30 años después de la creación del Banco Provincial de Santa Fe, Manuel Quintana, sugirió a los británicos bombardearan Rosario por “herir los intereses económicos del Banco de Londres”.
Volvamos a la plaza San Martín, ¡es tan vertiginosa la historia!
Y recordemos que la estatua de bronce se inauguró en 1913, con la presencia del presidente Roque Sáenz Peña, en una plaza cuyo terreno había sido donado en 1857 por el doctor Marcos Paz, donde anteriormente estaba la Plaza de las Carretas, una especie de mercado central o posta de carga y descarga de carretas, donde se comercializaba hasta el fernet creado en 1845 por Bernardino Branca en Milán, Italia. Ya en 1884 tomó el nombre de San Martín.
La plaza era mucho más grande e incluía la zona donde Juan Canals construyó los Tribunales Provinciales, edificio que en 1960 fue destinado a la Facultad de Derecho de la UNR.
Ahora bien, los rosarinos siempre damos la nota en la historia. Sucede que es tradición en la Argentina que todo monumento ecuestre de San Martín debe mirar hacia Los Andes… En Rosario, precisamente, se levantó mirando exactamente para el lado contrario.
Mejor no pongamos mucho énfasis en este tema… A ver si todavía a alguien se le ocurre invertir un dineral en reacomodarla. Sin dudas que hay otras prioridades para la ciudad.
Nos despedimos con la recordada chacarera de Los Chalchaleros, en homenaje al creador del Cuerpo de Granaderos que hoy recordamos en el 247º aniversario de su nacimiento, José de San Martín, una de las figuras más trascendentes e influyentes de las guerras de independencia hispanoamericana.